El 28 de Noviembre de 2013, los miembros del
Laboratorio de Cognición Social de la Universidad Autónoma
Metropolitana-Iztapalapa, llevamos a cabo la primera sesión del Seminario sobre
Neurociencia Social en la Ciudad de México. No sólo es la diversidad de las
manifestaciones culturales humanas o la complejidad de la función de nuestro
cerebro lo que nos intriga. Son, sobretodo, los vínculos transdisciplinarios entre
diferentes visiones los que nos atraen para comprender que la vida social tiene
una historia natural, y que esta historia se puede rastrear en nuestro cerebro. Al
mismo tiempo, reconocer que lo social, esa especie de abstracción sin
individuos para algunos, construye la forma en que se comunican las células
nerviosas, en una especie de colectivo de neuronas.
Con estas intrigas en mente, inauguramos este seminario
con la conferencia "Generalidades en la Neurociencia Social",
impartida por un notable neurobiólogo transdiciplinario, el Dr. José Luis Díaz
Gómez, Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Al final de estas letras podrán
encontrar un video con las diapositivas explicadas en voz de José Luis. Para
nuestros colegas profesores, este video podría bien usarse en clases de
neurociencias cognitivas, o bien, pueden deleitarse con las palabras y el
pensamiento agudo del ponente una noche en casa, cuando deseen dormir formando nuevas
conexiones neuronales. También al final, encontrarán una breve semblanza de
José Luis y el vínculo a su página personal para acceder a sus publicaciones.
Por lo pronto resumo la conferencia.
De acuerdo con Díaz, parte del
cuerpo histórico de la neurociencia social se encuentra en el pensamiento
anarquista de Piotr Kropotkin (1842-1921), naturalista ruso que concedió al apoyo mutuo y voluntario entre los seres
vivos, el fundamento político del anarquismo, palabra tan utilizada
recientemente en los medios de comunicación mexicanos. Aunque Kropotkin apoyó
la teoría de la evolución de Darwin, difirió del mecanismo de selección natural:
la cooperación, más que la competencia, es el eje evolutivo de los seres vivos
y este eje incluye, por supuesto, la evolución del cerebro, un cerebro social.
Los antecedentes también se rastrean en las observaciones que las primatólogas Jane Goodall, Biruté Galdikas y Diane Fossey iniciaron en grupos de chimpancés, orangutanes y gorilas en hábitats naturales, un trabajo pionero y aventurero en las décadas de 1960 y 1970. A partir del trabajo de estos tres “Ángeles de Leakey”, se han identificado comportamientos y formas de pensamiento complejo en los primates no humanos. Por ejemplo, rituales funerarios, danzas a la lluvia, juego con muñecas, pensamiento abstracto, engaño y estrategias maquiavélicas, habilidades que se amplificaron y diversificaron en los homínidos, constituyendo y llevando a aceptar una base evolutiva y natural de la cultura y del cerebro humanos.
Díaz también recuerda a Edward O. Wilson y su “Sociobiología. La nueva síntesis” (1975), en la cual planeta un determinismo genético que configura la conducta social humana.
Los antecedentes también se rastrean en las observaciones que las primatólogas Jane Goodall, Biruté Galdikas y Diane Fossey iniciaron en grupos de chimpancés, orangutanes y gorilas en hábitats naturales, un trabajo pionero y aventurero en las décadas de 1960 y 1970. A partir del trabajo de estos tres “Ángeles de Leakey”, se han identificado comportamientos y formas de pensamiento complejo en los primates no humanos. Por ejemplo, rituales funerarios, danzas a la lluvia, juego con muñecas, pensamiento abstracto, engaño y estrategias maquiavélicas, habilidades que se amplificaron y diversificaron en los homínidos, constituyendo y llevando a aceptar una base evolutiva y natural de la cultura y del cerebro humanos.
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Los Ángeles de Leakey en http://inkchromatography.files.wordpress.com/2011leakeys-angels.jpg
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En sintonía con Wilson, el biólogo Richard Dawkins en su “Gen egoísta” (1976), defendió que la evolución opera sobre los genes y no sobre los individuos, de tal forma que las ventajas reproductivas para los individuos tenderán a ser heredadas por un número cada vez mayor de ellos. Así, dice Dawkins, los organismos son máquinas de supervivencia para los genes y, en el ámbito de la cultura, acuña el término “meme”, una unidad de información responsable de la transmisión cultural en el ser humano. Los memes son un concepto análogo al de genes, están sujetos a reglas básicas de la evolución y se propagan por imitación, como los “virus” de la computadora.
Evidentemente, la propuesta de un determinismo genético del comportamiento social humano fue controversial, sobre todo considerando la plasticidad cerebral humana y su flexibilidad cultural. Esta controversia dio origen a la Psicología Evolucionista, liderada por Leda Cosmides y John Tooby (1987-1992), quienes proponen que la estructura modular de la mente permite la adaptación de rasgos psicológicos particulares, pero existen también rasgos comunes o universales de comportamiento social que indican tendencias evolutivas inconscientes, así como “módulos” cerebrales especializados en procesar cierta información, pero que funcionan en continua interacción. Un ejemplo de esta hipótesis es la distribución de grasa como carácter sexual secundario en la mujer, cuya proporción considerada estética y de atractivo sexual es muy similar entre individuos de diversas culturas. La universalidad de esta proporción óptima y estética que recuerda a la Venus de Milo, constituye un argumento a favor de una selección evolutiva del atractivo sexual que influye en la selección de pareja. Sin embargo, hay excepciones culturales observadas a lo largo de la historia humana (las modelos de porte anoréxico podrían ser un ejemplo), excepciones dadas, precisamente, por la interacción de información dentro del cerebro y el aprendizaje de nuevos patrones estéticos mediados por la cultura.
El inicio, propiamente dicho, de la Neurociencia Social lo concedieron John Cacioppo y Gary Berntson en su artículo “Social psychological contributions to the decade of the brain: Doctrine of multilevel analysis” (1992). Para el desarrollo de esta disciplina también influyeron las propuestas de Robin Dunbar y de Nicholas Humphrey, quienes indican que los cerebros voluminosos y las habilidades cognitivas de los humanos han evolucionado mediante una intensa competencia e interacción social, en la cual los antagonistas desarrollan estrategias crecientemente maquiavélicas con el fin de obtener mayor éxito social y reproductivo.
En este marco, ha sido crucial el descubrimiento de tipos neuronas que se activan de igual forma cuando alguien realiza una acción o cuando ese alguien observa la misma acción en otra persona. Estas denominadas Neuronas Espejo descubiertas por Giacomo Rizzolatti y Laila Craighero (2004) se han convertido en una base neurológica de la imitación y de la empatía, procesos imprescindibles en el comportamiento social.
Para cerrar su charla, José Luis ilustra la complejidad del estudio del cerebro social con el amor y su neurofisiología. Para esto, dice, encontramos módulos cerebrales que coordinan la recompensa, el apego, y las relaciones. A esto, se añade a neuroquímica de la conducta sexual y del apego regulada por la oxcitocina, hormona liberada durante el parto, la lactancia y la interacción afectiva, que promueve sentimientos amorosos y conductas de cercanía. Dicho de otra forma, el amor y la fraternidad social encuentran una base biológica en las relaciones madre-hijo.
Si deseas más información sobre el Seminario de Neurociencia Social de la UAM-I o quieres a asistir a las próximas sesiones escríbenos a labcogsoc@gmail.com.
En este marco, ha sido crucial el descubrimiento de tipos neuronas que se activan de igual forma cuando alguien realiza una acción o cuando ese alguien observa la misma acción en otra persona. Estas denominadas Neuronas Espejo descubiertas por Giacomo Rizzolatti y Laila Craighero (2004) se han convertido en una base neurológica de la imitación y de la empatía, procesos imprescindibles en el comportamiento social.
Para cerrar su charla, José Luis ilustra la complejidad del estudio del cerebro social con el amor y su neurofisiología. Para esto, dice, encontramos módulos cerebrales que coordinan la recompensa, el apego, y las relaciones. A esto, se añade a neuroquímica de la conducta sexual y del apego regulada por la oxcitocina, hormona liberada durante el parto, la lactancia y la interacción afectiva, que promueve sentimientos amorosos y conductas de cercanía. Dicho de otra forma, el amor y la fraternidad social encuentran una base biológica en las relaciones madre-hijo.
Si deseas más información sobre el Seminario de Neurociencia Social de la UAM-I o quieres a asistir a las próximas sesiones escríbenos a labcogsoc@gmail.com.
Saludos,
Roberto
E. Mercadillo
Sobre José Luis Díaz http://www.joseluisdiaz.org/
Nació en la Ciudad de México en 1943. Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1967 y en esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador hasta la actualidad. Ha sido profesor asociado del Programa de Ciencia Cognitiva de la Universidad de Arizona y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela. Sus estudios han abarcado la neuroquímica, la psicofarmacología, la etnofarmacología, la etología, el problema mente cuerpo, la naturaleza de la conciencia, la ciencia cognitiva y la epistemología. Es autor de más de 150 artículos científicos y, entre otros, de los libros “Psicobiología y Conducta. Rutas de una Indagación” (1989), “La Mente y el Comportamiento Animal” (1994), “El Ábaco, la Lira y la Rosa. Las Regiones del Conocimiento” (1997) y “La Conciencia Viviente” (2007), publicados por el Fondo de Cultura Económica
VIDEO
Enlace de YouTube a Neurociencia Social. Gestación y alnaces de una transdisciplina
Sobre José Luis Díaz http://www.joseluisdiaz.org/
Nació en la Ciudad de México en 1943. Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1967 y en esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador hasta la actualidad. Ha sido profesor asociado del Programa de Ciencia Cognitiva de la Universidad de Arizona y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela. Sus estudios han abarcado la neuroquímica, la psicofarmacología, la etnofarmacología, la etología, el problema mente cuerpo, la naturaleza de la conciencia, la ciencia cognitiva y la epistemología. Es autor de más de 150 artículos científicos y, entre otros, de los libros “Psicobiología y Conducta. Rutas de una Indagación” (1989), “La Mente y el Comportamiento Animal” (1994), “El Ábaco, la Lira y la Rosa. Las Regiones del Conocimiento” (1997) y “La Conciencia Viviente” (2007), publicados por el Fondo de Cultura Económica


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