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jueves, 24 de abril de 2014

Evolución, Desarrollo y Cognición Social: Reflexiones sobre la corporalidad, la enacción y la comprensión de estados epistémicos de Andrés Segovia Cuéllar

En la cuarta sesión del Seminario sobre Neurociencia Social en la UAM-Iztapalapa, el 15 de abril de 2014, el psicólogo Andrés Segovia habló de la intersubjetividad y sobre cómo damos sentido a los demás y los comprendemos como iguales. 


Pueden ver la conferencia completa en 



En este texto se reseña brevemente la charla de Andrés, quién planteó las teorías clásicas sobre la intersubjetividad suponen  que la actividad mental es privada, estrictamente racional e inasequible, dejando a un lado la interacción corporal en contexto. También proponen que las personas requieren de procesos representacionales sofisticados para comprender los estados mentales de otros. En consecuencia, se ha propuesto que durante su desarrollo ontogenético, los seres humanos deben adquirir, o bien una teoría sobre los estados mentales (TT, Teoría de la Teoría de la Mente), o bien la habilidad para simular los estados mentales, utilizando su propia experiencia como modelo (TS, Teoría de la Simulación).

 En este seminario revisamos datos de la psicología comparativa y del desarrollo tratando de fortalecer una teoría corporizada radical sobre la intersubjetividad y sus implicaciones para comprender la cognición social. Andrés argumentó a favor de un conocimiento práctico de los otros en interacciones y acciones en contexto, acercándonos a la noción perceptual de la intersubjetividad que se ha desarrollado en la filosofía fenomenológica. La interacción corporal y la empatía como enganche afectivo directo, serían la base de la comprensión de los otros en escenarios de participación en actividades conjuntas. 
Desde la fenomenología, la conciencia supone una intencionalidad corporal y procesos públicos debido a la naturaleza comunicativa del cuerpo. Así, las interacciones corporales son la forma más básica de la cognición social. Muchas interpretaciones en las ciencias del comportamiento se han alejado del carácter interactivo e histórico de la cognición humana y han sostenido, terminantemente, la existencia de conceptos mediacionales, como pueden ser los estados mentales, para justificar la diferencia entre comportamientos sociales, bien sea durante el desarrollo o entre especies cercanas. Podemos criticar esta estrategia no interactiva ni histórica, dijo Andrés, ya que es asimétrica y poco democrática en el uso de la síntesis evolutiva estándar aplicada a otras formas de psicologías evolucionistas. Además no da cabida a explicaciones evolutivas alternativas. 

Andrés y su grupo de investigación propone una teoría corporizada radical sobre la intersubjetividad. Se han preguntado cómo en las interacciones sociales (i.e., corporales, afectivas y comunicativas) se ubica el origen de todo entendimiento social mostrando ejemplos diversos dentro de la ontogénesis humana, especialmente en la comunicación intencional y la anticipación de las acciones. También analizan evidencias de la psicología comparada para cuestionar las diferencias cognoscitivas más importantes entre nosotros y otras especies cercanas, como los chimpancés, gorilas u orangutanes. 

 Apoyan la idea de que nuestra corporalidad y nuestro sentido social permiten ubicar los orígenes de nuestra sociedad y del conocimiento de los otros, en especies cercanas que muestran vestigios de entendimiento mutuo. A lo largo de nuestra vida se presentan diferentes situaciones que determinan ciertos parámetros de desarrollo social, por lo que no aceptamos la propuesta de un único módulo mental que supondría la adaptación de la especie humana a las exigencias de la vida social durante su evolución. Son las condiciones socioculturales las que permiten desarrollar diferentes percepciones sociales secundarias asociadas a las actitudes, disposiciones y conocimientos sobre la vida en grupo. Es la participación en comunidades verbales lo que da inicio a una historia propia de la psicología popular como explicación de nuestra vida colectiva.


En sus reflexiones finales, Andrés estableció que a ciertas capacidades intersubjetivas básicas sintonizadas con un mundo social que nunca desaparece, se añaden narrativas culturales que determinan la manera en que nuestros esquemas sociales se van convirtiendo en imágenes para abstraer nuevas certezas a la hora de interactuar con otros.

Podrán leer algunos artículos de Andrés Segovia en su siguiente perfil académico: 





Si deseas más información sobre el Seminario de Neurociencia Social de la UAM-I o quieres a asistir a las próximas sesiones escríbenos a labcogsoc@gmail.com

Saludos,

Roberto E. Mercadillo









¿Qué es el Cerebro? Por Mtro. Andrés Segovia Cuellar

¿Quién es Andrés Segovia Cuellar?

Psicólogo, Estudiante de Posgrado en Filosofía en el Grupo de Investigación “Ética, Comportamiento y Evolución” de la Facultad de Ciencias Humanas en la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia. 


sábado, 5 de abril de 2014

Emociones y alexitimia. Una perspectiva electrofisiológica de Federica Sassi

En la tercera sesión del Seminario sobre Neurociencia Social en la UAM-Iztapalapa, el 25 de Marzo de 2014, la Dra. Federica Sassi habló sobre la incapacidad de identificar y describir las emociones, conocida como Alexitimia.


Pueden ver la conferencia completa en




Las emociones desempeñan un papel crucial en la vida de humanos y animales, porque representan una de las formas más básicas de interacción social y de adaptación al ambiente. Sin embargo, algunos estudios recientes han demostrado que reconocer nuestras emociones, y las de otros, dependen de otro proceso cognitivo: la atención.
Para estudiar la forma en que la atención influye en nuestras emociones, se invita a grupos de voluntarios para resolver diversas tareas cognitivas. Por ejemplo, deben observar fotografías de rostros humanos que expresan emociones, pero no deben atender la emoción del rostro, sino otros elementos aparentemente ajenos, como puede ser la forma de sus lentes o el color del florero que está detrás de él. Al realizar estas tareas, se ha observado que el cerebro no activa sus funciones relacionadas a las emociones, sino de la atención. Es decir, antes de saber qué emoción expresa una persona, es necesario, primero, prestarle atención.
Estos estudios parecerían algo sencillo y sus resultados obvios. Sin embargo, la Dra. Federica Sassi los ha realizado con una tarea denominada “priming afectivo”. Esto se refiere a la facilitación en la atención cuando existe un elemento emocional congruente. Por ejemplo, los participantes en el experimento observan un rostro que expresa alegría y, después, leen una palabra y deben indicar el momento en que la comprenden. Cuando el rostro se presenta antes de una palabra emocional congruente, por ejemplo, “amor” o “alegría”, el participante entiende la palabra rápidamente. Pero cuando un rostro que expresa alegría se muestra antes de una palabra incongruente, por ejemplo, “guerra”, la respuesta es más lenta. De esta forma, Federica Sassi muestra que la atención puede afectar el entendimiento de las emociones.

Lo más interesante de sus estudios es su aplicación en personas que padecen alexitimia, un desorden de la personalidad en el cual las personas tienen dificultad para identificar, describir y tener pensamientos abstractos sobre sus emociones. Una persona con alexitmia puede saber qué es la tristeza, la alegría, o el miedo, pero difícilmente puede nombrarlos en sí mismo. Le es muy difícil decir: “me siento triste” o “tengo miedo”. Federica ha encontrado que las personas con alexitimia tienen dificultades para atender directa o indirectamente a la expresión emocional de un rostro. Necesitan más recursos cognitivos en el hemisferio cerebral derecho, es decir, necesitan hacer un esfuerzo mayor, y este esfuerzo es compensado por una mayor activación en el hemisferio derecho. Sus resultados indican, contrario a lo se pensaba hace varios años, que estas personas no tienen un problema en sus emociones, sino en su atención.

Aquí podrán descargar gratuitamente uno de los trabajos de la Dra. Sassi http://digitum.um.es/xmlui/bitstream/10201/26314/1/SN2011.pdf

Si deseas más información sobre el Seminario de Neurociencia Social de la UAM-I o quieres a asistir a las próximas sesiones escríbenos a labcogsoc@gmail.com

Saludos, 
Roberto E. Mercadillo.



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¿Qué es el Cerebro? Por Federica Sassi


¿Quién es Federica Sassi?


Cuenta con estudios de Licenciatura en Psicología (Universidad de Florencia, Italia 2005) y estudios de doctorado en Psicología, Salud Mental, Genética y Ambiente (Universidad de Almería, España 2012). Cuenta con una amplia experiencia en estudios electrofisiológicos en el laboratorio de Neurociencia Cognitiva del Departamento de Psicología Básica y Metodología de la Universidad de Murcia y en el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), Donosti-San Sebastián, España. 

Ha participado como ponente en congresos nacionales e internacionales, evidenciando su interés en las líneas de investigación sobre el procesamiento de rostros emocionales y atención en sujetos controles y alexitimicos. Al respecto cabe destacar su afiliación como miembro de la SEPEX (Sociedad Española Psicología Experimental, desde 2010) y de la ESCAN (European Society for Cognitive and Affective Neuroscience, desde 2012). Colabora con el Dr. Javier González-Rosa, del Centro de Tecnología Biomédica, Universidad Politécnica de Madrid, España, con el Prof. Luis J. Fuentes y de la Dra. Diana Martella, Laboratorio de Neurociencia Cognitiva, Universidad de Murcia, España, para los estudios electroencefalográficos. Actualmente es investigadora Postdoctoral del Laboratorio de Mapeo de la Función Cerebral en el Instituto de Neurobiología de la Universidad Nacional Autónoma de México. 







viernes, 7 de marzo de 2014

La discriminación en el cerebro de Roberto E. Mercadillo

Uno de los comportamientos más desconcertantes es la discriminación. 





Pareciera que en la mente del agresor, del que discrimina, hay una falta de identidad con lo más esencialmente reconocible en sí mismo: lo humano y la vida. La discriminación es una cuestión de identidad.


El conocimiento sobre cómo funciona la mente humana se ha desarrollado ampliamente durante la última década a partir del uso de la resonancia magnética funcional. Esta herramienta permite observar cuáles regiones del cerebro se activan, es decir, se utilizan, cuando una persona ve una fotografía, escucha un sonido, lee un enunciado, imagina una escena o toma una decisión.

Lo que sucede en la mente del discriminador ha sido investigado utilizando esta técnica. Un primer estudio lo publicó Elizabeth Phelps en el año 2000, en la Universidad de Nueva York. Encontró que cuando personas “blancas” de Estados Unidos observaban fotografías de personas “negras”, en su cerebro se activaba la amígdala, una pequeña estructura situada en el centro de nuestro cerebro encargada de reaccionar con emociones como el miedo o la ira.  La activación de la amígdala era más evidente cuando los blancos que observaban las fotografías mostraban altos niveles de racismo inconsciente, aun cuando conscientemente dijeran no ser racistas. 
La activación de la amígdala, sin embargo, disminuía cuando las personas negras de las fotografías eran amigos o conocidos.


Cuatro años más tarde, en el 2004, William Cunningham de la Universidad de Yale encontró algo similar respecto a la amígdala; su activación era más evidente cuando personas blancas observan fotografías de gente negra durante 30 ms, tiempo en el que no nos percatamos totalmente de lo que vemos, pero suficiente para provocar una respuesta cerebral inconsciente frente a la fotografía. Sin embargo, encontró también que cuando la fotografía se observaba durante más tiempo, 525 ms, la activación de la amígdala se reducía y, además, se activaba la región prefrontal y la corteza anterior del cíngulo. Estas dos regiones del cerebro son necesarias para aprender valores morales y éticos, es decir, lo que consideramos bueno o malo, correcto o incorrecto, para recordar experiencias pasadas y para decidir qué hacer frente a una circunstancia. Parte de su función es inhibir o detener las reacciones de miedo e ira desencadenadas por la amígdala.



Ambos estudios nos indican que la discriminación se basa, en parte, en una reacción inconsciente asociada al miedo, es decir, a la emoción más básica para poder huir, atacar o defendernos de aquello que podría ser una amenaza. Hasta este punto, pareciera algo natural y útil. Sin embargo, la función de la corteza prefrontal y de la corteza anterior del cíngulo implicadas en el aprendizaje moral, nos indica que es posible inhibir o detener la reacción de miedo frente a una amenaza cuando, por ejemplo, aprendemos que la gente negra no es amenazante. Dicho de otra forma, si bien temer a las amenazas es natural y útil, la decisión de discriminar es un aprendizaje social que podemos controlar y regular.

Estas bases cerebrales de la discriminación se muestran también en la forma en que juzgamos a los demás. Nuestras impresiones sobre alguien se basan en una rápida mirada que damos a su cara, una impresión superficial, pero la impresión puede cambiar cuando conocemos a la persona y hacemos un juicio más individual. Para probar esto, Jonathan B. Freeman de la Universidad de Tufts, en 2010, encontró algo similar a los dos estudios anteriores. La amígdala de las personas se activa cuando ven a alguien rápidamente y cuando ese alguien pertenece a un grupo cultural, una etnia o un poblado diferente. Sin embargo, cuando la fotografía de un desconocido se acompaña de información sobre su ocupación y sus intereses, se activan regiones de la corteza temporal del cerebro encargadas de la mentalización, la empatía y la teoría de la mente, es decir, de la habilidad para suponer lo que otra persona siente y piensa. Estos resultados indican que cuando conocemos algo de la vida personal de un desconocido, hacemos juicios más profundos que favorecen relaciones más empáticas. Dicho de otro modo, el otro deja de verse como amenaza y ya no se ve tan diferente a mí.

Que la discriminación sea aprendida y que se utilice para “salvaguardar” la vida, la convierte en un delito sutil difícil de detectar en nuestras respuestas sociales, hasta que sus manifestaciones se reflejan en rechazos, insultos o agresiones. La base de la discriminación, el miedo, hace que ignoremos al otro y facilita que lo agredamos con la firme convicción de estar haciendo lo adecuado. Es posible inhibir la decisión de discriminar y el miedo y la agresión al otro, si somos más empáticos en nuestra vida y sociedad y nos identificamos con él o ella.

Saludos, Roberto E. Mercadillo


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Roberto Emmanuele Mercadillo Caballero, Realizó sus estudios de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la misma universidad obtuvo los grados de Maestro en Ciencias con especialidad en Neurobiología y de Doctor en Ciencias Biomédicas. 

martes, 7 de enero de 2014

Sobre la Neurociencia Social: Generalidades

El 28 de Noviembre de 2013, los miembros del Laboratorio de Cognición Social de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, llevamos a cabo la primera sesión del Seminario sobre Neurociencia Social en la Ciudad de México. No sólo es la diversidad de las manifestaciones culturales humanas o la complejidad de la función de nuestro cerebro lo que nos intriga. Son, sobretodo, los vínculos transdisciplinarios entre diferentes visiones los que nos atraen para comprender que la vida social tiene una historia natural, y que esta historia se puede rastrear en nuestro cerebro. Al mismo tiempo, reconocer que lo social, esa especie de abstracción sin individuos para algunos, construye la forma en que se comunican las células nerviosas, en una especie de colectivo de neuronas.
 
Con estas intrigas en mente, inauguramos este seminario con la conferencia "Generalidades en la Neurociencia Social", impartida por un notable neurobiólogo transdiciplinario, el Dr. José Luis Díaz Gómez, Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Al final de estas letras podrán encontrar un video con las diapositivas explicadas en voz de José Luis. Para nuestros colegas profesores, este video podría bien usarse en clases de neurociencias cognitivas, o bien, pueden deleitarse con las palabras y el pensamiento agudo del ponente una noche en casa, cuando deseen dormir formando nuevas conexiones neuronales. También al final, encontrarán una breve semblanza de José Luis y el vínculo a su página personal para acceder a sus publicaciones.

Por lo pronto resumo la conferencia.

De acuerdo con Díaz, parte del cuerpo histórico de la neurociencia social se encuentra en el pensamiento anarquista de Piotr Kropotkin (1842-1921), naturalista ruso que concedió al apoyo mutuo y voluntario entre los seres vivos, el fundamento político del anarquismo, palabra tan utilizada recientemente en los medios de comunicación mexicanos. Aunque Kropotkin apoyó la teoría de la evolución de Darwin, difirió del mecanismo de selección natural: la cooperación, más que la competencia, es el eje evolutivo de los seres vivos y este eje incluye, por supuesto, la evolución del cerebro, un cerebro social.


Los antecedentes también se rastrean en las observaciones que las primatólogas Jane Goodall, Biruté Galdikas y Diane Fossey iniciaron en grupos de chimpancés, orangutanes y gorilas en hábitats naturales, un trabajo pionero y aventurero en las décadas de 1960 y 1970. A partir del trabajo de estos tres “Ángeles de Leakey”, se han identificado comportamientos y formas de pensamiento complejo en los primates no humanos. Por ejemplo, rituales funerarios, danzas a la lluvia, juego con muñecas, pensamiento abstracto, engaño y estrategias maquiavélicas, habilidades que se amplificaron y diversificaron en los homínidos, constituyendo y llevando a aceptar una base evolutiva y natural de la cultura y del cerebro humanos.
Díaz también recuerda a Edward O. Wilson y su “Sociobiología. La nueva síntesis” (1975), en la cual planeta un determinismo genético que configura la conducta social humana.
En sintonía con Wilson, el biólogo Richard Dawkins  en su “Gen egoísta” (1976), defendió que la evolución opera sobre los genes y no sobre los individuos, de tal forma que las ventajas reproductivas para los individuos tenderán a ser heredadas por un número cada vez mayor de ellos. Así, dice Dawkins, los organismos son máquinas de supervivencia para los genes y, en el ámbito de la cultura, acuña el término “meme”, una unidad de información responsable de la transmisión cultural en el ser humano. Los memes son un concepto análogo al de genes, están sujetos a reglas básicas de la evolución y se propagan por imitación,  como los “virus” de la computadora.

Evidentemente, la propuesta de un determinismo genético del comportamiento social humano fue controversial, sobre todo considerando la plasticidad cerebral humana y su flexibilidad cultural. Esta controversia dio origen a la Psicología Evolucionista, liderada por Leda Cosmides y John Tooby (1987-1992), quienes proponen que la estructura modular de la mente permite la adaptación de rasgos psicológicos particulares, pero existen también rasgos comunes o universales de comportamiento social que indican tendencias evolutivas inconscientes, así como “módulos” cerebrales especializados en procesar cierta información, pero que funcionan en continua interacción. Un ejemplo de esta hipótesis es la distribución de grasa como carácter sexual secundario en la mujer, cuya proporción considerada estética y de atractivo sexual es muy similar entre individuos de diversas culturas. La universalidad de esta proporción óptima y estética que recuerda a la Venus de Milo, constituye un argumento a favor de una selección evolutiva del atractivo sexual que influye en la selección de pareja. Sin embargo, hay excepciones culturales observadas a lo largo de la historia humana (las modelos de porte anoréxico podrían ser un ejemplo), excepciones dadas, precisamente, por la interacción de información dentro del cerebro y el aprendizaje de nuevos patrones estéticos mediados por la cultura.

El inicio, propiamente dicho, de la Neurociencia Social lo concedieron John Cacioppo y  Gary Berntson en su artículo “Social psychological contributions to the decade of the brain: Doctrine of multilevel analysis” (1992). Para el desarrollo de esta disciplina también influyeron las propuestas de Robin Dunbar y de Nicholas Humphrey, quienes indican que los cerebros voluminosos y las habilidades cognitivas de los humanos han evolucionado mediante una intensa competencia e interacción social, en la cual los antagonistas desarrollan estrategias crecientemente maquiavélicas con el fin de obtener mayor éxito social y reproductivo.

En este marco, ha sido crucial el descubrimiento de tipos neuronas que se activan de igual forma cuando alguien realiza una acción o cuando ese alguien observa la misma acción en otra persona. Estas denominadas Neuronas Espejo descubiertas por Giacomo Rizzolatti y Laila Craighero (2004) se han convertido en una base neurológica de la imitación y de la empatía, procesos imprescindibles en el comportamiento social.

Para cerrar su charla, José Luis ilustra la complejidad del estudio del cerebro social con el amor y su neurofisiología. Para esto, dice, encontramos módulos cerebrales que coordinan la recompensa, el apego, y las relaciones. A esto, se añade a neuroquímica de la conducta sexual y del apego regulada por la oxcitocina, hormona liberada durante el parto, la lactancia y la interacción afectiva, que promueve sentimientos amorosos y conductas de cercanía. Dicho de otra forma, el amor y la fraternidad social encuentran una base biológica en las relaciones madre-hijo.

Si deseas más información sobre el Seminario de Neurociencia Social de la UAM-I o quieres a asistir a las próximas sesiones escríbenos a labcogsoc@gmail.com.

Saludos,

Roberto E. Mercadillo

VIDEO
 


Sobre José Luis Díaz http://www.joseluisdiaz.org/

Nació en la Ciudad de México en 1943. Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1967 y en esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador hasta la actualidad. Ha sido profesor asociado del Programa de Ciencia Cognitiva de la Universidad de Arizona y de la Facultad de Psicología de la Universidad de Santiago de Compostela. Sus estudios han abarcado la neuroquímica, la psicofarmacología, la etnofarmacología, la etología, el problema mente cuerpo, la naturaleza de la conciencia, la ciencia cognitiva y la epistemología. Es autor de más de 150 artículos científicos y, entre otros, de los libros “Psicobiología y Conducta. Rutas de una Indagación” (1989), “La Mente y el Comportamiento Animal” (1994), “El Ábaco, la Lira y la Rosa. Las Regiones del Conocimiento” (1997) y “La Conciencia Viviente” (2007), publicados por el Fondo de Cultura Económica